01 Oct Mi experiencia
CONTEXTO DE UN CENTRO EDUCATIVO
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Antes de cualquier reflexión, quiero agradecer al centro por el trato recibido (fueron transparentes en cuanto a lo que allí sucede), y a la tutora, profesores de matemáticas, y profesores del centro por las lecciones aprendidas. También quiero agradecer al Máster de Profesorado de la Universidad Politécnica de Madrid la formación recibida, pues me ha sido muy válida para realizar unas prácticas muy buenas para mi formación como docente.
Ilusión. Antes de empezar las prácticas, tenía ilusión por aplicar todo lo aprendido en el máster de profesorado. El centro, según la página web, tiene unas instalaciones fabulosas y mi idea preconcebida del alumnado que acude a un centro privado era de un alumnado bueno en comportamiento y en estudio, además de educado. Tiene todos los niveles escolares y preescolares (incluido el bachillerato internacional, IB), además de una especialidad en música y artes escénicas por lo cual, muchos alumnos continúan su formación en el lugar, después de las clases de la mañana.
Mis expectativas con respecto del centro y de la metodología que allí se hacía y seguía eran muy altas; expectativas que se derrumbaron el primer día.
Martes 1 de Marzo, cuando entro en la primera clase, lo que descubro es el caos. Me encuentro en la primera clase con unos alumnos que el profesor califica antes de entrar como los alumnos que peor se portan. El profesor ha programado para ellos unas fichas para hacer en clase. Los alumnos, efectivamente, no tienen un buen comportamiento ese día. Se desespera varias veces en clase y a los alumnos les da igual.
En la segunda clase entro con un profesor que (sin ánimo de ofender) lo anoto en mi diario de prácticas como “Trunchbull”. El término viene de la película “Matilda” (1996), en la cual aparece ese personaje , que es la directora del colegio cuyo método de aprendizaje es sin color, sin diversión y basado en normas estrictas y con amenazas. Es una clase magistral donde los alumnos se aburren. Utiliza un sólo color, negro.
Yo le pongo el apodo de “Trunchbull” cuando, en una clase le comento lo siguiente:
-¿No cree que sería beneficioso, para que entiendan los alumnos lo que pone en la pizarra, usar colores?.
Él me contestó: – Ya son muy mayores.
Mi opinión es que los colores ayudan enormemente a la comprensión de la explicación del tema, porque los colores tienen un lenguaje implícito. El estudiante puede ver perfectamente la explicación, entender la lógica y seguir la clase al ritmo; Es decir, que cuando se entiende, se puede seguir la clase, pero cuando no se entiende, no se puede seguir.
En la clase de IB estaba ocurriendo un cambio de profesorado por lo que no pude percibir nada. Es difícil ser inspector de educación.
La última clase del primer día no fue mucho mejor. Escuché expresiones como:
Manuél : – Me aburro. Esto no lo entiendo…
Profe: -“Ay Manuel, Manuel… que se quiere ir al pozo”.
Pienso que esta expresión suena como una amenaza y esto desmotiva y minimiza al alumno, no ayuda a poner altas expectativas en los alumnos; el profesor no debe utilizar frases de amenaza porque ataca al sentimiento de los estudiantes y bajo sentimientos de amenaza nunca podrá haber una buena aprehensión ni colaboración del alumno ni confianza del alumno al profesor.
Fue en esa misma clase que, para un ejercicio que contenía la figura de un cubo los alumnos aseguraban que la fórmula era “base por altura” y el profesor decía que no, que era “arista al cubo”. Este cambio de vocabulario, hace que profesor y alumno hablen el mismo idioma pero con diferente frecuencia. Es decir, que ninguno de los dos se entiende y es labor profesional del profesor dejarse entender perfectamente para que el alumno realice un buen aprendizaje.
Fin del día uno.
9 letras : Arcaísmos
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